El regreso
Bien, fieles y ávidos lectores. De nuevo estoy aquí para traeros inexplicables paranoias sin sentido y acarrearos absurdas dudas que os conduzcan al más desquiciante insomnio. Pero me siento incapaz de pasar por alto que llevo una racha de algunas semanas sin conmover vuestras mentes con chorradas y cabe la posibilidad de que os hayáis preguntado cosas tales como ¿qué es de este loco que ya no escribe cosas?, ¿se habrá muerto ya?, ¿se habrá cansado de escribir? o ¿le habrán vencido sus propias estupideces? Pues bien, no voy a pedir disculpas porque a mi juicio me parece que no hay nada que pueda considerarse como “malo” en mi inactividad, amén de que creo recordar que sólo aclaré anteriormente que estos escritos se publicarían los lunes y, más aún, no me comprometí a seguir esto a rajatabla y además no especifiqué que fuese a escribir semanalmente con estricto horario. Demostrada mi irresponsabilidad, me parece que para no inquietar vuestras cabezas más, debo aclarar que este tiempo he estado considerablemente ocupado, y la razón de mi ausencia no ha sido otra que la falta de tiempo que acusa mi apretada agenda. Eso es. El tiempo. Un enemigo peligroso debido a su rapidez y su habilidad para esfumarse. Sin duda, amigos, ha llegado la hora de hablaros de él rememorando un viejo escrito…
El tiempo
¡Oh, magnánimo lector que a sabiendas de las estupideces que llego a escribir, tú, comprensivo de mi subdesarrollo mental, continúas fielmente mis paranoias! Esta vez quiero hablarte sobre un tema que nos preocupa a nivel mundial: el tiempo. Así es como se llama una parte del telediario que se dedica a informarnos del estado meteorológico de una zona durante un momento determinado, o también sirve para encabezar una conversación entre dos personas (“¡Coño, cuánto tiempo!”). Pero aquí quiero hablaros de algo mucho más importante… err… mmm… ¡Me cago en la leche! Bueno, verán ustedes, comencé a escribir este encabezamiento del texto, pero hube de parar y dejé transcurrir un tiempo hasta ahora, que me encuentro escribiendo estas líneas sin recordar qué puñetas quería yo decir… El caso es que me parece que tenía en la cabeza hablar en esta paranoia sobre pelis de viajes en el tiempo como la trilogía Back to the futur (gran película), Terminator (cualquiera me vale aunque la mejor es la primera de todas), una parte de Superman (cuando salva a la chica, pues todos los buenos ganan en el cine) e incluso The Simpson (para quien haya visto el capítulo de los viajes en el tiempo). Pero, ¡ah, amigo! Azares de la vida, ya no recuerdo el estúpido tema principal que sería el pilar de esta súper, híper, mega paranoia (me da igual lo que piensen muchos: es, de menor a mayor, súper<híper<mega). Pero bueno, haremos una cosa: cambiaremos el título por…
El reloj que es el mundo
¿Recordáis al maestro Sabina en “… y nos dieron las diez y las once,…”? Pues lo mismo: Ding (y pedazo ding) ¡¡CATAPUM!! Dan la una. Súper, híper, mega, ULTRA (ultra es superior) explosión. ¿Os suena? Es el Big Bang, una masa ingente de mierda y heces de Mayer se expanden por el inmenso universo. Dang, una amorfa nebulosa similar al semen comienza a formar algo que a las tres (que es la hora a la que han quedado para comer) será la Vía Láctea. Dong, formada la galaxia los jedis luchan contra el lado oscuro, pero el reverso tenebroso consigue enturbiarlo todo y, aunque está brillando el Sol, la Tierra se ha pasado al lado oscuro y no es nada aún. Deng, (ya no quedan casi vocales), la Tierra, el Puño de Vader, volcanes entrando en erupción, explosiones e implosiones*. Dung, (jo, es la última vocal libre) El retorno del jedi, todo se tranquiliza un poco gracias al poder de la Fuerza. Dan las seis, las cinco (¡oh! Cinco) en Canarias, reina el misterio y la ignorancia de cómo cojones pasó, pero ocurrió, surgió la vida (ya hemos estudiado las posibilidades en biología y también lo que verdaderamente sucedió en una antigua paranoia quemada). A las siete, tras años de evolución de piltrafillas y microorganismos que se hacen grandes, uno de ellos (el autista, o sea sé, yo) sale del agua porque estaba mojada. Son las ocho, han pasado muchas cosas, pero ya reina el gran depredador: el Tiranosaurio Rex (aunque en Jurassic Park también está el Velocirraptor). ¿Cuánto durará su reinado? Poco, pues a las nueve un meteorito, con el que habíamos quedado a la una, aparece de repente (es el típico que aparece tarde y jodiendo, o sea sé, de nuevo yo) y lo fastidia matando a todos. A las diez salen los pequeños bichos que volverán a poblar la Tierra tras la catástrofe, evolucionarán y digievolucionarán hasta convertirse en Humanomon (ser de cuerpo perfecto conocido como Australopitecos), el cual, a las once, digievolucionará en un Homo Sexual de cuerpo supremo. A las once cincuenta y nueve minutos y cincuenta y nueve segundos nace el mesías de la cristiandad (según stewe, Jesús es chino). Es tiempo de paz y amor (y milagros) con odio y muerte (y sangre y sexo), pues es crucificado. Pero ¡la flor de konhoja florece dos veces y resucita! A las 12 en punto (sólo ha pasado un segundo, como Itachi) llegamos a ahora… no espera… a ahora, no, a ahora, no, a después… bueno al cabo de un rato. El caso es que es época de crisis, parece que el Imperio Contraataca, pues se inicia una lucha eterna (siempre hay crisis).
Muy bien. Habréis observado que este reloj del mundo tiene doce horas, y el día y mi reloj personal tienen veinticuatro. Esto tiene una explicación: el reloj esta roto. Ale, ya está. Todos contentos.
Un saludo muy cordial. Me despido de vosotros anunciando que en la próxima paranoia será puesta a prueba mi lírica. Mil gracias por vuestro tiempo.
*No me preguntes, cara pan, y sigue leyendo que todavía la tenemos.